"En esa búsqueda encontré en la casa de mi abuela telas que habían sido fabricadas originalmente para sábanas, a partir de cáñamo plantado, cosechado, hilado y tejido en el pueblo donde vivía en España y que habían cruzado muchas fronteras hasta llegar a Chile. (...) En ese entonces cayó en mis manos un pequeño libro, también de mi abuela, “Labores para Mujeres”, editado en Francia en el siglo XVIII. Ahí se enseñaba, mediante esquemas, todo tipo de puntos de costura. A través de dibujos ilustrativos, también guiaban al lector cómo hacer un zurcido o rehacer un tejido, cómo recuperar la “hebra perdida”, denominación esta última, que por mi situación biográfica, me tocó la fibra más profunda del alma, extendiéndose a “la hebra perdida de la historia”. A mí me educaron como si fuera de otro lugar. Sin haber vivido en carne propia los desplazamientos geográficos y las pérdidas familiares y patrimoniales de mis ancestros, padecí y me beneficié de un discurso perpetuo de economía de guerra, donde nada se bota, todo se parcha y se transforma, todo se zurce y se remienda. Recuerdo los increíbles delantales de mi abuela, todos parchados e infinitamente remendados. Por la pena de esos delantales, empecé a interesarme en mi propia historia, no porque mi biografía fuera muy interesante, sino porque era una buena estructura de trabajo. Los relatos de las Américas, la historia que me proporcionaban los conocimientos arqueológicos de mi hermana, el tránsito de mi familia, los cruces de fronteras, el lugar de origen perdido y desenfocado, me hicieron llegar al asunto de la memoria y sus desplazamientos. Esto coincidió con la pequeña tragedia de la historia familiar, con la gran tragedia de la historia que vivíamos a diario en el país bajo dictadura". Nury González. Fragmentos de entrevista en Revista Textil, sin fecha
"Mi infancia transcurrió en medio de relatos heroicos de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial. La economía doméstica transmitida por mi abuela española durante las largas vacaciones de verano y de invierno, en Las Cruces, nuestra casa al borde del mar, siempre fue para mí la práctica de una economía de guerra, ejercicios disciplinados de parche, de zurcido, de bordado, de remendado, tareas que ayudaban además a vencer el ocio de media tarde, padre de todos los vicios. En esa casa mi abuela nos enseñó todas las técnicas tradicionales del bordado —le point de tige, de chausson, d’épine—, el tejido y la costura (...)". La tela de mi abuela (1996), Historia de Cenizas (1998), El Mercado Negro del Jabón (1999), Correspondencias de Mayo (2001), Mar de Llanto (2007), son trabajos que interpelan ciertos relatos, sean históricos o de ficción, que acreditan una tradición autobiográfica de desarraigo, tragedias mayores como la guerra y el exilio y de lo que podría denominar “inestabilidad histórica”. He intentado hacer de ello —con el imaginario que supone— un correlato con los procedimientos artísticos, sobre todo con las materialidades de los soportes y con el uso traslativo de prácticas, generalmente femeninas, provenientes del ámbito doméstico. Mis referencias provienen de la búsqueda, del rescate y fijación forzosa de relatos orales apenas audibles, de manualidades hogareñas perdidas, de historias tan heroicas como privadas que fraguaron el momento de la imaginación y cuya naturaleza es ser olvidadas, de algunos documentos de archivo, de frases famosas buscadas que me indiquen un sentido verosímil de la dimensión personal. Mi trabajo pretenden establecer cruces temáticos, procedimentales y técnicos entre las prácticas que determinan el espacio femenino y particularizado de lo privado y aquéllos discursos y prácticas que se determinan como paradigma del espacio político e histórico de lo público. Pretendo resolver ese tránsito de sentidos a través de insuflar el prestigio del arte a los oficios domésticos y a las prácticas recolectoras y clasificatorias reservadas a la mujer por el uso y las costumbres de la economía doméstica, privilegiando de entre esos tópicos “la instancia del tejido y del bordado” y sus metáforas materiales y escriturales. Las fotografías, documentos y objetos atesorados por mis ancestros y desplazados por fronteras hasta llegar casualmente a Chile, me permiten entretejer una memoria y reconstruir o construir una historia posible y la posibilidad de tener una historia. Nury González, Ponencia Viña, 2011