Dos hombres y dos mujeres dentro de una casa dibujada por ladrillos fiscales, recuperando la idea de los lugares característicos de la casa materna, arcaica, memoria: pieza matrimonial, baño, pieza chica, cocina. Cada lugar se habita en la medida que se suceden los encuentros entre los intérpretes y sus roles, se reinstalan sistemas de interrelación improvisadas al momento de su ocurrencia, el orden es alterado por la sucesión de los acontecimientos, no así el de algunas de las relaciones ya establecidas, que podrían denominarse fundacionales, por ser las primeras y más recurrentes al anclarse en los cuerpos. La casa y su orden, en este sentido, es desarticulada en la idea de reconstruir permanentemente rincones y casitas para una reparación imposible, dado que se ejerce en un cierto estrato determinado por el juego representacional: la construcción, armar para rearmar, los inicios de la idea de trabajo. Lo complejo en esta puesta coreográfica es la idea de sostener el trabajo corporal, algo así como el aquí y el ahora, ya que en la precipitación que se desborda en la escena, los cuerpos deben ser capaces de mantener la atención. La conciencia de la disposición corporal y lo escénico se extravían por la complejidad de la exposición de los cuerpos permanentemente en diálogo consigo mismos y con el entorno.
Paulina Mellado, Por qué, cómo y para qué se hace los que se hace. Reflexiones en torno a la composición coreografía. Edición Lara Hübner González. Chile. 2008, p. 101.
La planta estaba hecha con ladrillo fiscal. La cuestión está también en blanco, negro y gris. Todo el vestuario iba entre el blanco y el negro y con algunos grises. Siempre había un juego, gris con negro o blanco con negro. El color es la luz, y esto es como lo que está abajo en las penumbras. El blanco y el negro como equivalente, en las tinieblas, al azul y el blanco el equivalente en las tinieblas al amarillo. Y toda la escala de grises.
Nury González, entrevista 31 de julio de 2025
Se trabajó en el lenguaje para desarrollarlo y buscar despliegues, no solo en la reproducción del gesto, ya que la idea era sobrepasar los propios límites en tanto ejecución reconocida y probada. En esta propuesta la idea era lograr la responsabilidad interpretativa para que en el clamor de la improvisación sucediera el acontecimiento, es decir, la extrañeza, alterando a cada tanto las relaciones, al no haber acomodo, se generan momentos sorpresivos para hacer aparecer lo otro.
Paulina Mellado, 2007
Esta obra se realizó gracias al Fondart 2005 y se exhibió en la Sala Santa Elena en enero de 2006.
Junto al equipo también participaron: Elizabeth Lewin, ayuda teórica; José Luis Torres, registro audiovisual y Rodrigo Dueñas, diseño gráfico.